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Me quedo con el Cannabis.


Llego a mi casa cansado después de un día de trabajo normal, es decir, un día de 10 horas de trabajo. Aquí, en este país - y ojo, no me estoy quejando, me encanta este país, todavía- el que no trabaja esa cantidad de horas al día no sobrevive. Lanzo mi suéter sobre la cama y sobre ella me acuesto, aún con los zapatos puestos. Si mi esposa me ve me mata, pero el cansancio mental es tal que ni eso me detiene. Mi cerebro está sobre-estimulado y para neutralizarlo, y poder descansar, tengo dos opciones: las pastillas que me recetó mi doctor, aunque le dije claramente que no las quería y que no las iba a usar, o fumarme un cigarrillo de marihuana, o mejor dicho de cannabis porque marihuana ya no se puede decir porque ofende a cierta parte de la población latina, por razones que me parecen estúpidas, sin sentido y que no deberían ofender a nadie, pero de eso hablaremos en otro oportunidad; quizás, si me provoca. Así que pienso en las pastillas, porque aunque llevo años utilizando el Cannabis de manera terapéutica cada vez que estoy a punto de hacerlo me vienen a la mente miles de personas -incluyendo el doctor que me receto las pastillas- que al enterarse de que consumo esta plantita me tildan de loco. Tomo el frasco de pepas con la mano izquierda y empiezo a leer las indicaciones cuando me sorprende la tele con un comercial de la misma medicina que sostengo. No se si reírme, llorar o cagarme en la madre de mucha gente, incluyendo la del doctor que me recetó las pastillas. En primer lugar, esta propaganda -ya se que es un comercial pero es que en realidad parece una propaganda- explica claramente que el medicamento pudiese (léase bien que escribo pudiese) mejorar mi condición. Es decir, que quizás no sirva de nada. Lo cual no me importaría en lo absoluto si la increíble pastillita no tuviese, además, mil y un efectos secundarios entre los cuales destacan: hemorragia anal, infartos y multiples infecciones que pudiesen, incluso, causar cáncer. CÁNCER. ¡C-Á-N-C-E-R! Cáncer. Prefiero vivir ansioso, adolorido, con insomnio, con artritis, ciego, diabético y deprimido, que sufrir de cáncer. Después de este monólogo de diez minutos en el que mento madre y despotrico a media humanidad, tomo el frasquito de pastillas y lo boto, entero, por en el pipote de basura que tengo en el baño; levanto la cara, me miro al espejo y me digo: Rafael, a enrolar un porro. Ahora estoy sentado en mi balcón fumando hierba y no paro de pensar en lo confundida que está esta sociedad. El Cannabis que fumo, quizás a algunas personas no le funcione, al igual que las pastillas a muchas personas, como decía el comercial, no le funcionarán. Pero seguramente, y esto lo garantizo, no me va a causar ningún tipo de hemorragia interna, no me va a deteriorar mi hígado y no me va a provocar una infección que a su vez me va a provocar cáncer.

Entonces ¿soy yo el loco? No lo creo. Pero tampoco soy una de esas personas que intenta imponer ideologías o hacer que todo el mundo piense como pienso. Es por eso que quiero dejar claro que mi intención con esta aburridísima historia, no es pretender que todo el mundo sea recetado con Cannabis ni que la gente deje de confiar en la medicina convencional. Simplemente, que me dejen elegir la medicina que yo considere adecuada para mi. Si tu quieres tratarte la fibromialgia con remedios convencional y correr con el riesgo de obtener Cáncer, pues ese es tu problema. Yo en cambio me quedo con la marihuana; perdón, quise decir Cannabis.

#DanielleEspinel #RafaelRazat #CulturaCannábica #MarihuanaMedicinal #EducaciónCannábica

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